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martes, 9 de julio de 2013

capitulo 2 - crónicas Draconis

                sueño convertido en pesadilla

Habían pasado horas o incluso días, antes de que despertara.  Supongo que atravesar ese vórtice me dejo sin energía. Agotado casi sin fuerzas me levante de ese duro i frío suelo.  Rápido volví a mirar hacia el cielo aun quería volver a ver esas magníficas criaturas, era como un sueño para mi. Desde que era un niño no pensaba en nada más, se podía decir que vivía por y para los dragones, eran mi hobby, siempre después de clase me dedicaba a dibujar dragones, a escribir historias sobre ellos, buscar información… Era un fanático, anhelaba un momento como este, seria increible poder domar una dragón y repartir justicia donde no la había (destruir a los matones de mi clase).

Era algo emocionante así que me levante y me quite el polvo, empecé a caminar con la esperanza de encontrar algo que llevarme a la boca. Llevaba horas caminando, ya ni sentía mis pies, la inercia era lo único que me hacia andar.

Después de largo rato caminando sin rumbo llegue a un grandioso y monumental valle de fresca hierva y árboles frutales, fueron mi salvación. Cuando recuperé mis fuerzas volví a la búsqueda, esta vez con suerte, en una escarpada montaña cercana al valle pude vislumbrar uno, eran reales, no era un sueño, era de unos 4 metros de largo, negro como la noche, sus ojos era del color de la piedra de lucifer, además de una tonalidad muy intensa.  Estaba sumido en un profundo sueño me acerque por la retaguardia y salte sobre él, el susto que se llevó fue tal que salió disparado,  usó tanta fuerza que salí disparado sin control contra el suelo, la caída me provoco lesiones graves, me rompí una costilla.  El dolor era intenso, casi no podía moverme, el dragón  estaba muy enfadado, quería venganza.  No paraba de bombardear la zona con bolas de fuego.  El calor abrasaba, el humo me dificultaba la respiración y el miedo y la costilla rota me paralizaban.  No era consiente de todo lo que pasaba, en ese momento mi mayor temor no era que me matara, eso era algo que ya lo había asumido, mi mayor temor era que me hiciera sufrir en el momento que me quisiera matar.

Desde que eso pasó por mi mente, algo cambió, desde lo más profundo de mi corazón había algo que decía;

-          No dejes que te mate -

Eso empezó como un susurro que se fue convirtiendo en un grito de cólera. Desorientado por la alentadora voz que se oía gritar, hubo un momento en el que parecía que el tiempo se había parado, en ese punto pude dar un vistazo al entorno que me rodeaba. Un vistazo que me ayudo a ver que por culpa del humo del fuego las nubes estaban apunto de echarse a llorar, que había árboles muerto los cuales eran suficientemente gruesos como para aislarme el fuego durante un tiempo.

Corrí con una desesperación en el cuerpo. De repente el tacto fino del agua sobre mi pie, por suerte empezó a llover. Borro mi olor del mapa i apagó las llamas que me achicharraban el cuerpo con su calor.
Dentro del árbol pude respirar, estaba a salvo i el dragón ya no me podía rastrear.  Dentro del árbol encontré el mismo huevó que me llevo a ese mundo, lo única diferencia era que era mas pequeño. Lo toque y algo paso el huevo se abrió,  dentro había un dragoncito chiquitito, pero mi alrededor era un mar de truenos que iban danzando por el espacio el dragoncito acerco su cabeza a mi mano i “bum”.  El dragón se metió en mi mano.  Me despertaron dos hombres vestidos con una armadura me despertaron, parece que lo que paso con el huevo lo soñé.


Esos dos hombres me llevaron a una aldea vikinga para mi recuperación

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